Corresponde pensar

Hay momentos históricos o contextos en los cuales el pensamiento crítico o autónomo
es castigado o, simplemente, no tiene lugar.  Jugando con los espacios de anonimato
descriptos por Marc Augé como “no lugares” (shoppings, aeropuertos y demás espacios que se caracterizan por una estética globalmente estandarizada) y haciendo un mix con cierto discurso abogadil, la expresión crítica en un momento inadecuado podría ser un no-ha-lugar: un pensamiento improcedente, que no corresponde y que se estandariza bajo una etiqueta.  Entre otras problemáticas, podría decirse que esta es una de las que la cineasta Margarethe Von Trotta aborda en la película sobre Hannah Arendt.

El film se centra en los comienzos de los años 1960, específicamente en el momento de la captura en Argentina, y posterior juicio en Jerusalén a Adolf Eichmann, criminal de guerra nazi que llevó a cabo la logística de “la solución final” y exterminó a 6 millones de personas en campos de concentración.  La filósofa viaja en 1961 a cubrir el proceso del juicio que llevó a Eichmann a la horca en mayo de 1962, al año siguiente, su trabajo se publicaría en varias entregas en la revista The New Yorker, que más tarde se convertiría en el libro Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal (Arendt; 1963). La película muestra las duras reacciones que propiciaron las publicaciones de filósofa alemana en The New Yorker, proveniente en mayor medida de amplios sectores de la comunidad judía. Si bien el proceso judicial tuvo un tratamiento detallado en las más de 450 páginas que la autora dedicó, las críticas, según se expone en el film, se centraron en torno a algunas de sus afirmaciones respecto al comportamiento de Eichmann relacionadas a la incuestionada aceptación de las reglas por parte del nazi, quien no pensó, no razonó acerca de lo que estaba haciendo, sino que ejecutó las ideas del régimen. En un fragmento del libro Arendt analiza:

 “un idealista, según la noción de Eichmann, no era simplemente el hombre que creía en una idea (…) un idealista era un hombre que vivía para sus ideas y que estaba preparado a sacrificarlo todo por sus ideas y, especialmente, a todos. Cuando él dijo en el examen policial que hubiera enviado a su padre a la muerte si eso hubiera sido requerido, no sólo hizo hincapié en que se encontraba obedeciendo órdenes sino que también quiso mostrar lo idealista que siempre había sido” (Arendt; 2005: 9-10)

Lo improcedente de Arendt fue caracterizar un hombre no como un monstruo (como lo esperaba la comunidad) sino como un simple burócrata que cumplía con la ley, sin pensar en las consecuencias, un hombre que no pensaba en el mal que provocaba sino en hacer exactamente lo que debía hacer. Esto fue recibido como un acto de cierta justificación por parte de  Arendt, cuando en realidad ella no exculpa a Eichmann sino que buscaba realizar un análisis sociopolítico y filosófico que fuera más allá de Eichmann, hacia la explicación de un mal que calificó de radical y hacia “tratar de entender, que no es lo mismo que perdonar”, como expresa el personaje de Hannah en el film, en un discurso imperdible. En otra escena, ya habiendo perdido varios amigos que demonizaron sus escritos, la protagonista expresa su angustia diciendo que ni siquiera le discutían lo que le debían discutir: que el mal no puede ser radical, como ella lo postulaba en los artículos, sino extremo, el bien sí puede ser radical. Su pensamiento crítico y acusaciones específicas fueron soslayados y, directamente, fue tildada de nazi, una etiqueta muy rápidamente colocada, desde quienes se reconocían perjudicados. No pensar no excusaba a los nazis de las aberraciones cometidas ni mucho menos. La película nos deja pensando que al no pensar no dejamos de ser totalmente responsables de nuestros actos, somos doblemente responsables: por el hecho en sí y por no poder cuestionarlo. Y, como expresaba al comienzo, pensar críticamente, en algunos momentos históricos, es un no-ha-lugar, un intento que fácilmente cargará con una etiqueta. No pensar está muy relacionado a huir de un pensamiento crítico que no tenga miedo de expresar, estudiar, analizar, incluso aquellas ideas a las cuales adscribimos, para no etiquetar y poder quitarnos las etiquetas, actuando más allá de ellas… Todo un desafío que vale la pena el intento.

 

Arendt. Hannah (2005) Eichmann and the holocaust. Penguin Books, UK.

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