Salto virtual

Image

¿Qué significa tener un cuerpo? ¿Cómo los mundos virtuales pueden transformar nuestros saberes sobre el cuerpo? ¿Cómo pueden estos mundos virtuales hacernos revisar viejas conceptualizaciones arraigadas y naturalizadas? ¿Qué experiencias de embodiment online y offline conforman nuevas subjetividades?

Boellstorff: Pluralidades in-world

Comienzo este primer post con estas preguntas que guían mi investigación. Varias de ellas son abordadas por Tom Boellstorff en su investigación sobre el mundo virtual Second Life (en adelante SL). En su texto Placing the Virtual Body: Avatar, Chora, Cypherg (2011) analiza los avatars no como meras representaciones de cuerpos sino como formas de embodiment, centradas en emplazamientos constitutivos dentro de un mundo, formas de ser en el mundo o, como prefiere el autor para referirse al mundo virtual, in-world.

A partir su trabajo etnográfico en SL, Boellstorff explica que, si bien la plataforma permite seleccionar ilimitados formatos de avatars, es notorio como la mayor parte responden a los cánones de belleza y estatus en el mundo físico occidental. Si bien argumentar una crítica en este sentido sería el camino más esperable, Boellstorff sostiene que no nos deberíamos cerrar en esa dirección, ya que, por ejemplo, muchas veces, el avatar de biceps trabajados es una mujer en el mundo físico. En este sentido, la clave será realizar un análisis más allá de las formas que tomen los avatars, ya que los tipos de embodiment son constituídos siempre en anclaje con la subjetividad (Boellstorff; 2011: 507).

El autor enfatiza en la existencia de un salto ontológico y fundacional entre un avatar y una persona física (actual-world person). Ideas, metaforas, relaciones de poder, y hasta formas de rutina se mueven a través de este gap, entre lo online y lo offline, pero es este gap y los movimientos que conlleva lo que hace a lo virtual posible, explica (Boellstorff; 2011: 509). En SL hay usuarios que se conectan con más de un avatar a la vez in-world (dentro de la plataforma), hay avatars que emulan familiares fallecidos, otros se constituyen en alter egos, otros poseen partes de cuerpo animal. Si bien los formatos son casi ilimitados, lo interesante del abordaje de Boellstorff es que su análisis tiene en cuenta los aspectos existenciales de la experiencia corporal y el anclaje en la subjetividad, además de los formatos. En este sentido, “cultura y self (sí mismo) pueden ser entendidos desde el punto de partida de la corporalidad como una condición existencial en la cual el cuerpo es el recurso subjetivo o la base de la experiencia intersubjetiva” (Csordas; 1999: 181) y no un objeto a ser estudiado en sí mismo.

Para Boellstorff, corporalidad virtual, es siempre corporalidad en un lugar virtual.i1 (Boellstorff ; 2011: 504). Cuerpo y espacio virtuales se constituyen mutuamente. Desde su trabajo de campo, el autor nos explica que las historias y conversaciones en SL ejemplifican cómo aspectos de la corporalidad (embodiment) del mundo virtual, a veces concretizan lo que significa estar corporalizado en el mundo físico (Boellstorff; 2011: 509). A partir de la evidencia etnográfica, propone pensar en relaciones indexicales, ya que: “el gap entre lo virtual y lo físico constituye construcción bidireccional de significados, produce valores, subjectivación, y praxis social(Boellstorff; 2011: 509). Esta relación indexical emerge en la relación entre cuerpos físicos y su emplazamiento en espacios de percepción y sociabilidad online u offline (Boellstorff; 2011: 514).

Nos encontramos entonces ante aperturas a nuevas corporalidades vinculadas al fascinante potencial de los mundos virtuales que nos permite ser nosotros mismos en diferentes espacios y sociabilidades. El potencial radica en cómo la corporalidad virtual co-basamenta a la cultura con un ser-en-el-mundo virtual (being-in-world) fundado en nuevas “pluralizaciones de espacio y sociabilidad (…) (generando) figuras de corporalidad online cuya recursividad indexical fundamentalmente reconfigura que significa ser humano” (Boellstorff; 2011: 517).

Massumi: Complementario a completar

En su libro Parables for the virtual (2002), Brian Massumi realiza un exhaustivo análisis de dos tipos de miradas o visiones sobre nosotros mismos. Una es parcial y nos complementa, la otra, total, nos completa como sujetos:

La visión-espejo (mirror-vision) es por definición parcial. Sólo hay un eje de visión, sólo nos podemos ver desde un ángulo y nunca en movimiento. Podemos cambiar de perspectiva inmovilizando por ejemplo el cuerpo y moviendo la cabeza, pero si tratamos de mover el cuerpo y la cabeza conjuntamente, en un intento de observarnos en movimiento, sólo lograremos saltar desde una pose frizada a otra (Massumi; 2002: 48)

Entonces, la mirada o puntos de vista del otro, según Massumi, nos complementa: En la intersubjetividad de la vida cotidiana hay múltiples puntos de vista, pero ellos están encadenados a lo largo de uno que los subordina a la semejanza y auto-identidad, en una línea narrativa. En familia o en el trabajo, performamos nuestro rol social asignado, lo interpretamos a partir de un guión que visualizamos como una fotografía mental de qué significa para nosotros ser quienes somos (padre, hijo, jefe o empleado, policía o criminal) y corporalizamos esa visualización para el beneficio de otros ocupando roles contrastantes pero complementarios. Para cada rol hay un otro privilegiado, cuyo reconocimiento de nosotros es reconocido por nosotros mismos. Nos miramos a nosotros mismos en los ojos de nuestros interlocutores y ellos en los nuestros (Massumi; 2002: 48).

Ahora, en el caso de la visión-movimiento (movement-vision), se produce una ruptura en esa linealidad narrativa y se abre un espacio para el cambio. Este tipo de vision-movimiento constituiría una especie de extrañamiento del sí mismo, a partir de una experiencia sensorial intensa que no deja de tener continuidad con la vision-espejo y a la vez que implica cambios en el sujeto, en la linealidad de esa narrativa. En el texto, Massumi ejemplifica este tipo de vision con una experiencia que el mismo Ronald Reagan relata como un antes y un después. En sus años de actor, tuvo esta experiencia extrema al interpretar a una persona amputada. Reagan explica su vision de sí mismo sin piernas, su shock y, más tarde, su vuelco a la política directamente relacionado a esa experiencia, a esa percepción de sí mismo radicalmente otro (resumo muy rápidamente un relato ocupa casi la mitad del capítulo The bleed. Where body meets image). A partir de esa experiencia “el sujeto se ve a si mismo como los otros lo ven” (Massumi; 2002: 50) ya no complementariamente.

Por otro lado, para Massumi no hay mediación entre los dos tipos de visiones. La visión-movimiento genera un movimiento real, un movimiento de cambio que es a la vez una continuidad: el sujeto parte, sale de sí mismo, la simetría visión-espejo se rompe y el gap que queda tras la partida del sujeto es llenada por “un proceso que abarca su disyunción en una marea de cambio” (Massumi; 2002: 50) El proceso produce un movimiento real que incluye la perspectiva desde la cual el sujeto es visto. Pero, la perspectiva es aquella del observador virtual que es uno (completo) sólo con el movimiento de la partida del sí mismo, explica el autor. “La unidad mínima de espacio de la visión-movimiento es una perspectiva otra, multi-parcial incluida en un movimiento en sí mismo fracturado: cambio. Cambio que incluye ruptura pero sin embargo es continuo (Massumi; 2002: 51). Podríamos arriesgar entonces que el movimiento real, que constituye un cambio, genera continuidad en tanto finalmente, también escribe en la narrativa del sujeto.

Esta acumulación de perspectivas es llamada por Massumi “el cuerpo sin una imagen”: the body without an image. El cuerpo sin imagen es definido también como un espacio aditivo de receptividad total, reteniendo y combinando movimientos pasados en terminos presentes. Es menos un espacio empírico que un salto en el espacio, una suspension del tiempo que es, a la vez un movimiento real. Massumi llama a la espacialidad propia del cuerpo sin imagen, cuasi corporalidad. “Lo cuasi corporal puede ser pensado como la superposición de la suma total de perspectivas relativas en las cuales el cuerpo ha sido implicado, como objeto o sujeto, más los pasajes entre ellos” (Massumi; 2002: 57-58)

Este movimiento real que propicia un observador virtual de sí mismo abre y organiza un espacio de percepciones pasadas y presentes. Según explica el autor, la espacialidad del cuerpo sin imagen puede ser más directamente entendida como efecto de la propiocepción, definida como la sensibilidad propia de los músculos y ligamentos, como opuesta a la sensibilidad táctil (que es exteroceptiva) y a la sensibilidad visceral (que es interoceptiva). La sensibilidad táctil es la sensibilidad de la piel como superficie de contacto entre el sujeto que percibe y el objeto percibido. La propiocepción traduce los encuentros del cuerpo con objetos en una memoria muscular de relacionalidad. Esta es la memoria acumulativa de habilidades, hábitos, posturas (Massumi; 2002: 58-59).

Desde el planteamiento científico filosófico del autor, podríamos afirmar que la virtualidad (el sujeto en su momento de observador virtual de sí mismo) daría lugar a una pluralidad de corporalidades, a partir de una cuasi corporalidad, organizada desde la propiocepción y percepciones totalmente nuevas e incorporadas como propiocepciones.

Es interesante, por otro lado, a lo largo de toda la exhaustiva argumentación de Massumi, la importancia de la producción de subjetividad, a partir de las relaciones sujeto-objeto e intersubjetivas, fraguada en estos momentos de cambio, de movimiento real.

Gaps

Gaps entre hombres y tecnologías, gaps espaciales, gaps visuales, pero sobre todo experienciales y perceptivos. Ambos autores nos llaman la atención respecto de los saltos que, en nuestra vida cotidiana (actual o virtual), nos constituyen.

Los procesos visuales, perceptuales, experienciales, que detalla Massumi nos sumergen en una quasi corporealidad que constituye cambios en las narrativas del sujeto, en un cuerpo sin imagen, abierto al espacio de la multiplicidad.

Los procesos, también visuales, perceptueles, experienciales, que explica Boellstorff a partir de su estudio etnográfico, nos sumergen en una multiplicidad “being-inworld”, fundada en nuevas pluralizaciones de lugar y sociabilidad, que indexicalizan las formas de ser-en-el-mundo.

La virtualidad ocupa un lugar fundamental en ambos casos, en tanto generadora de corporalidades virtuales o actuales, siempre reales.

Tal vez poner en diálogo autores que, aunque desde diferentes campos disciplinarios, propongan nuevas discusiones, ayude a avanzar y a seguir reflexionando sobre las preguntas del comienzo, tanto como a “reconfigurar ontologias occidentales tradicionales sobre lugar, cuerpo, lo social o dicotomías acerca de la internalidad/externalidad del self” (Boellstorff; 2011: 514).

1 Cabe aclarar que se hablará de virtual y online indistintamente. También serán equivalents en este texto embodiment y corporalidad. Por otro lado, el autor denomina al mundo físico actual – world, para diferenciarlo del virtual. Ambos mundos son considerados reales.

i Second Life es una plataforma que prove un mundo virtual online, que existe desde el año 2003 y fue desarrollada por Linden Lab. Los usuarios pueden ingresar como clientes o espectadores e interactuar. Los residents interactúan a través de avatars.

Advertisements
This entry was posted in Cuerpo and tagged , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s